Marta, 52 años, se levantó de la cama apresuradamente para atender el teléfono y sintió que todo giraba durante algunos segundos. Se agarró a la pared, esperó a que pasara y continuó el día con normalidad. La semana siguiente, lo mismo sucedió tres veces, y esta vez vino acompañado de un oscurecimiento en la visión. Fue entonces cuando ella decidió buscar ayuda.

Esa sensación de mareo al cambiar de posición es extremadamente común y, en la mayoría de las veces, no representa nada grave. Pero existen señales que merecen atención médica. Entender la diferencia es el primer paso para cuidar de su salud con tranquilidad.

Los datos y el caso clínico citados en este artículo son ficticios y tienen fin meramente ilustrativo, sirviendo para facilitar la comprensión del tema abordado.

¿Por qué esto sucede?

Cuando permanece tumbado o sentado durante un tiempo, la sangre tiende a acumularse en las piernas y el abdomen por acción de la gravedad. Al levantarse rápidamente, el cuerpo necesita ajustar la presión arterial y el flujo de sangre hacia el cerebro en pocos segundos. Este mecanismo implica el sistema nervioso autónomo, los vasos sanguíneos y el corazón trabajando en conjunto.

Cuando este ajuste tarda un poco más de lo normal, ocurre la llamada hipotensión ortostática, una caída temporal de la presión arterial al cambiar de posición. Es esta caída la que causa la sensación de mareo, oscurecimiento visual o sensación de "cabeza ligera" durante algunos segundos.

Cuándo esto se considera normal

En la mayoría de las personas, este tipo de mareo es pasajero y benigno, especialmente cuando sucede:

  • Al levantarse muy rápido, principalmente por la mañana
  • Después de permanecer mucho tiempo sentado o en cuclillas
  • En días muy calurosos o tras poca ingesta de agua
  • Después de saltarse comidas o dormir pocas horas
  • Dura pocos segundos y mejora por sí solo, sin otros síntomas

Estos episodios ocasionales, rápidos y aislados suelen reflejar simplemente el tiempo que el cuerpo tarda en reequilibrar la circulación, sin indicar ninguna enfermedad.

Señales que merecen atención

Ya existen situaciones en las que el mareo al levantarse no debe ser ignorado. Vale la pena buscar evaluación médica cuando viene acompañado de:

  • Desvanecimientos o casi desvanecimientos (pérdida de consciencia)
  • Dolor en el pecho, palpitaciones o sensación de corazón acelerado
  • Falta de aire
  • Dolor de cabeza súbito e intenso
  • Debilidad u hormigueo en un lado del cuerpo, dificultad para hablar o ver
  • Episodios que se repiten con frecuencia a lo largo de la semana
  • Mareo que dura minutos y no mejora al sentarse o tumbarse
  • Uso reciente de medicamentos nuevos, principalmente para la presión arterial, diabetes o depresión

Estas señales pueden indicar causas que necesitan investigación, como arritmias cardíacas, deshidratación más significativa, anemia, alteraciones de la glucosa, efectos secundarios de medicamentos o disfunciones del sistema nervioso autónomo.

Qué hacer para mejorar en el día a día

Algunos cambios simples de hábitos ayudan bastante a reducir estos episodios:

Levántese en etapas. Al despertarse, permanezca sentado en la cama durante algunos segundos antes de ponerse de pie, y solo entonces comience a caminar.

Cuide la hidratación. La ingesta adecuada de agua a lo largo del día contribuye directamente al volumen de sangre circulante y a la estabilidad de la presión arterial.

Evite largos períodos en ayunas. Realizar comidas regulares ayuda a mantener los niveles de glucosa y la presión más estables.

Preste atención a los horarios más calurosos. El calor intenso favorece la pérdida de líquidos y puede intensificar los síntomas.

Revise el uso de medicamentos con su médico. Algunos medicamentos para la presión, próstata o estado de ánimo pueden influir en este mecanismo, y ajustes de dosis u horario pueden hacer diferencia.

Si los episodios persisten incluso con estos cuidados, o si alguna de las señales de alerta está presente, lo ideal es conversar con un médico para investigar la causa con mayor profundidad.

Cómo la telemedicina puede ayudar

Una consulta por telemedicina es un camino accesible para comenzar esta investigación. En ella, es posible revisar su historial de salud, los medicamentos en uso, la frecuencia y las características de los episodios, y definir junto con usted si son necesarios exámenes complementarios, como evaluación de la presión arterial, análisis de sangre o un seguimiento cardiológico. Esta primera orientación ya ayuda a entender si el caso requiere solo ajustes simples de rutina o una investigación más profunda.


Este contenido tiene carácter educativo e informativo, no sustituyendo consulta, diagnóstico o tratamiento médico individualizado. Cada caso debe ser evaluado por un profesional de salud.

Dra. Rebeca Soares Andrade CRM-GO 39335