Marcos, 29 años, siempre fue sedentario. Después de ver algunos vídeos de entrenamiento, decidió comenzar "con todo": en una única sesión, hizo cientos de sentadillas y flexiones, sin pausa y sin orientación. Al día siguiente, sintió las piernas doloridas, lo que consideró normal. Pero el dolor no pasó. Empeoró. En el tercer día, su orina tenía un color oscuro, casi de refresco de cola, y comenzó a sentir un cansancio fuera de lo común. Fue al servicio de urgencias y recibió el diagnóstico de rabdomiólisis.
"Los datos y el caso clínico citados en este artículo son ficticios y tienen fin meramente ilustrativo, sirviendo para facilitar la comprensión del tema abordado."
Casos así no son raros, y es importante entender que el problema no está en la actividad física en sí. Ejercitarse es una de las cosas más benéficas que existen para el cuerpo. Lo que precisa de atención es la forma en que ciertos entrenamientos se realizan, principalmente cuando el cuerpo no está preparado para ese nivel de esfuerzo.
Qué es la rabdomiólisis
Rabdomiólisis es el quiebre acelerado de las fibras musculares. Cuando el músculo se lesiona de forma intensa, libera en la corriente sanguínea sustancias que normalmente permanecen dentro de las células musculares, entre ellas una proteína llamada mioglobina. En cantidad pequeña, el cuerpo la maneja bien. En cantidad grande, la mioglobina puede sobrecargar los riñones y, en casos más graves, llevar a una lesión renal aguda.
Existen varias causas posibles para la rabdomiólisis, como traumatismos, uso de ciertas sustancias e infecciones, pero el esfuerzo físico extremo es una de las más comunes, principalmente en personas desentrenadas.
Por qué algunas actividades físicas aumentan ese riesgo
Lo que suele llevar a ese cuadro no es el ejercicio en sí, sino el exceso repentino. Algunos factores aumentan bastante la probabilidad de lesión muscular grave:
- Entrenamientos muy intensos después de un período parado o sedentario
- Ejercicios excéntricos en exceso, como bajar muchas sentadillas o flexiones seguidas sin que el cuerpo esté acostumbrado
- Series muy largas del mismo movimiento, sin pausa para que el músculo se recupere
- Entrenar en ambientes muy calurosos o con poca hidratación
- Clases de alta intensidad en grupo, cuando la persona intenta seguir el ritmo de quien ya está entrenado
Esto explica por qué relatos de rabdomiólisis aparecen, de vez en cuando, asociados a modalidades como entrenamientos funcionales intensos, CrossFit, pruebas militares e incluso clases de spinning muy exigentes. La modalidad no es el problema. El problema es la dosis de esfuerzo aplicada de forma desproporcionada a la condición física de la persona.
Cómo aparecen los primeros signos
Al principio, los síntomas suelen confundirse con un dolor muscular común después del entrenamiento. Ahí es donde reside el peligro, porque la diferencia está en la intensidad y la duración.
Los primeros signos suelen incluir:
- Dolor muscular mucho más fuerte de lo esperado, generalmente descrito como profundo o pulsátil
- Inflamación en el músculo afectado
- Debilidad intensa, al punto de dificultar tareas simples, como subir escaleras
- Dificultad para mover el miembro comprometido
Cómo se va sintiendo la persona a lo largo de los días
Mientras que el dolor común del entrenamiento mejora en uno o dos días, en la rabdomiólisis el cuadro tiende a empeorar. Uno de los signos más característicos, y que suele llevar a la persona a buscar atención, es la orina oscura, con coloración de té fuerte o parecida a refresco de cola. Esto sucede justamente por la presencia de mioglobina siendo eliminada por los riñones.
Junto con esto, pueden surgir cansancio extremo, náusea y, en casos más avanzados, reducción de la cantidad de orina, lo que ya es una señal de alerta para el funcionamiento de los riñones.
Cuándo procurar atención médica
Dolor muscular después del entrenamiento es esperado y forma parte del proceso de adaptación del cuerpo. Lo que no es esperado, y merece evaluación médica rápida, es la combinación de dolor desproporcionado, inflamación visible, debilidad importante y orina oscura. Cuanto antes se identifique la rabdomiólisis, más simple suele ser el tratamiento, que generalmente implica hidratación intravenosa para proteger los riñones.
El camino más seguro para entrenar
Esto no significa abandonar los entrenamientos intensos, sino respetar la progresión. Aumentar la carga poco a poco, hidratarse bien, descansar entre las series y escuchar las señales que el cuerpo da son actitudes simples que reducen bastante el riesgo. Si un entrenamiento nuevo causa un dolor muy diferente del habitual, vale la pena parar y observar, en lugar de insistir.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye consulta, diagnóstico o tratamiento con un profesional de salud. En caso de síntomas, procure atención médica.
Dra. Rebeca Soares Andrade CRM - GO 39335