Marina estaba con 26 semanas de embarazo cuando se realizó el examen de sangre de rutina del control prenatal. El resultado mostró una alteración en los anticuerpos para toxoplasmosis. Ella nunca había oído hablar mucho sobre esto, solo sabía vagamente que "tenía que ver con gatos". En la consulta, varias preguntas vinieron a su cabeza: ¿esto es grave? ¿Mi bebé corre riesgo? ¿Debería haberme deshecho de mi gato? Este relato reúne las respuestas que ella, y cualquier persona en la misma situación, necesita escuchar.

"Los datos y el caso clínico citados en este artículo son ficticios y tienen fin meramente ilustrativo, sirviendo para facilitar la comprensión del tema abordado."

¿Qué es la toxoplasmosis

La toxoplasmosis es una infección causada por un parásito llamado Toxoplasma gondii. Es una de las infecciones parasitarias más comunes del mundo. En muchos países, una buena parte de la población adulta ya ha tenido contacto con este parásito en algún momento de la vida, muchas veces sin nunca haberse percatado.

El parásito completa parte de su ciclo de vida dentro de gatos, pero la contaminación de las personas suele ocurrir de otras formas, que vamos a detallar enseguida.

Cómo nos contaminamos

Las principales formas de contagio son:

  • Comer carne cruda o poco cocida (principalmente cerdo, cordero y carne de caza), que puede contener quistes del parásito.
  • Comer frutas, verduras y legumbres mal lavados, contaminados por tierra o agua con heces de gato infectado.
  • Tener contacto con heces de gato contaminadas, sea limpiando la caja de arena, sea manipulando la tierra del jardín.
  • Beber agua contaminada, algo más raro, pero posible en regiones sin tratamiento adecuado de agua.
  • En situaciones mucho más raras, transfusión de sangre o trasplante de órganos.

Es importante aclarar: el contacto directo con el gato (acariciarlo, dormir cerca de él) no transmite la enfermedad. El riesgo está en las heces del animal, especialmente cuando es joven y ha tenido una infección reciente.

En la persona sana: qué suele suceder

En la gran mayoría de las personas con el sistema inmunológico funcionando bien, la toxoplasmosis pasa casi desapercibida. Aproximadamente el 80 a 90% de los casos no causa síntoma alguno.

Cuando aparecen signos, suelen ser bien discretos y parecidos a una virosis leve:

  • Cansancio
  • Fiebre baja
  • Dolor de cabeza
  • Dolor muscular
  • Ganglios (inflamación de ganglios) hinchados, principalmente en el cuello

Estos síntomas generalmente desaparecen solos en algunas semanas, sin necesidad de tratamiento, y la persona queda con una especie de "memoria inmunológica" que la protege de nuevas infecciones por el mismo parásito.

La situación cambia para personas con la inmunidad baja (por ejemplo, en tratamiento oncológico, viviendo con VIH no controlado, o usando medicamentos inmunosupresores). En estos casos, la infección puede ser más seria y afectar el cerebro, los ojos o los pulmones, exigiendo seguimiento médico cercano.

Por qué el embarazo cambia todo

En la gestación, la preocupación no es tanto con la salud de la madre, que generalmente sigue el patrón leve descrito arriba, sino con la posibilidad de que el parásito atraviese la placenta y llegue hasta el bebé. Es lo que se llama toxoplasmosis congénita.

El riesgo de transmisión para el bebé varía conforme la fase del embarazo:

  • En el inicio de la gestación (primer trimestre), la posibilidad de que el parásito pase para el bebé es menor, pero si esto ocurre, las consecuencias tienden a ser más graves.
  • En el fin de la gestación (tercer trimestre), la transmisión es más frecuente, sin embargo los efectos suelen ser más leves.

Es por eso que, al contrario de lo que parece intuitivo, el riesgo mayor de daño no siempre está ligado al momento de mayor posibilidad de contagio.

Un punto tranquilizador: si la mujer ya ha tenido contacto con el parásita antes de embarazarse (lo que aparece en el examen de sangre), ella normalmente ya está protegida, y el riesgo para el bebé en este embarazo es bien bajo.

¿Qué puede ocurrir con el bebé

Cuando la infección pasa para el bebé, el cuadro es bastante variable. Algunos bebés nacen sin cualquier signo aparente, y el problema solo es percibido después, a veces años más tarde. Otros pueden presentar, enseguida al nacer:

  • Alteraciones visibles en los exámenes de imagen del cerebro, como calcificaciones
  • Acumulación de líquido en el cerebro (hidrocefalia)
  • Inflamación en la retina del ojo (coriorretinitis), que puede afectar la visión
  • Cabeza más pequeña de lo esperado (microcefalia)
  • Ictericia, aumento del hígado y del bazo

En casos más graves y menos frecuentes, puede haber pérdida gestacional o mortinato. Es importante enfatizar que, con el acompañamiento correcto del control prenatal y el diagnóstico precoz, la mayor parte de las gestantes infectadas recibe tratamiento a tiempo de reducir bastante estos riesgos.

¿Cuáles son los primeros signos? ¿Y por qué es tan difícil percibirlos

Aquí está el gran desafío de la toxoplasmosis en el embarazo: en la mayoría de las veces, la gestante infectada no siente nada diferente. Cuando hay síntomas, son los mismos ya descritos (cansancio, ganglios hinchados, fiebre baja), fáciles de confundir con cualquier virosis común del embarazo.

Es exactamente por eso que la toxoplasmosis no es una enfermedad que se "percibe", sino una enfermedad que se rastrea. El examen de sangre de rutina del control prenatal (serología para toxoplasmosis) es lo que permite descubrir la infección antes de que dé cualquier signo visible, y es por eso que suele ser repetido a lo largo del embarazo en las mujeres que aún no han tenido contacto con el parásita.

Cómo prevenir

La buena noticia es que la prevención es simple y está al alcance de cualquier gestante, o de cualquier persona, en el día a día:

  • Cocine bien las carnes, evitando cualquier parte cruda o poco cocida.
  • Lave bien frutas, verduras y legumbres antes de consumir, y pele cuando sea posible.
  • Use guantes para manipular la tierra del jardín o la huerta, y lave las manos después.
  • Evite limpiar la caja de arena del gato durante el embarazo. Si no tiene a nadie que lo haga por usted, use guantes y mascarilla, y limpie la caja todos los días (el parásita tarda por lo menos 24 horas en volverse infectante después de que es eliminado en las heces).
  • Mantenga el gato dentro de casa y aliméntelo con alimento comercial, evitando que cace y coma animales crudos.
  • Lave bien las manos y los utensilios de cocina después de manipular carne cruda.
  • Evite leche no pasteurizada y sus derivados.

Diagnóstico y tratamiento

El diagnóstico se realiza por examen de sangre, que muestra si la persona ya ha tenido contacto con el parásita antes (lo que suele ser tranquilizador) o si la infección es reciente (lo que pide mayor atención). Cuando la infección es identificada durante el embarazo, existe tratamiento medicamentoso específico, que cambia conforme el momento de la gestación, y que tiene como objetivo reducir la posibilidad de transmisión para el bebé y, si ella ya ha ocurrido, disminuir la gravedad de los efectos. Por eso el acompañamiento prenatal regular es la herramienta más importante en toda esta historia.

Si está embarazada o planificando embarazarse, converse con su médico sobre el rastreo de la toxoplasmosis y sobre los cuidados que tienen sentido para su rutina.


Este contenido tiene carácter educativo e informativo, no sustituye consulta, diagnóstico o tratamiento médico individualizado. Busque siempre un profesional de la salud para evaluar su caso.

Dra. Rebeca Soares Andrade CRM - GO 39335